No todas las parejas que se rompen dejan de quererse: muchas simplemente se apagan. La rutina, los turnos de trabajo, los hijos pequeños o los años de convivencia van enfriando la parte física hasta que uno de los dos deja de buscar al otro.
El atamiento de pasión trabaja justamente ese punto: la atracción, el deseo y la cercanía física entre dos personas que siguen juntas pero ya no se encuentran.
Es un trabajo que se hace sobre una relación existente, y siempre se recomienda acompañarlo de cambios reales en la convivencia. La parte espiritual abre el camino; el día a día lo sostiene.



