Los distanciamientos familiares son de los casos más duros que atendemos: hijos que llevan años sin hablar con sus padres, hermanos enfrentados por una herencia, casas en las que ya no se puede estar.
El trabajo se orienta a retirar el rencor acumulado y a abrir de nuevo la comunicación, respetando los tiempos de cada persona. No se fuerza a nadie a nada: se despeja el camino para que el acercamiento pueda ocurrir.
En muchos casos se acompaña de una limpieza del hogar, porque las discusiones repetidas dejan un ambiente pesado que hace que cualquier conversación acabe mal.



